Cuando Jesús entregó al apóstol Pedro las llaves del reino de los cielos, también le dijo, "todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos" (Mt 16:19). ¿Qué significan "atar" y "desatar" en esta frase? ¿Y por qué lo realizado por los discípulos en la tierra vale también en los cielos?
Este texto a menudo se asocia con la teología del "traspaso de las llaves", que mencionamos en nuestro ensayo anterior ("Una extraña costumbre...", 13 mayo 2009), y es del mismo pasaje bíblico. En 18:18, hablando del perdón, la frase se extiende a todos los fieles y se amplía su significado con agregar: "que si dos de ustedes se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos". Ahí la relación tierra/cielo tiene que ver con la oración.
El telepredicador guatemalteco Cash Luna, siguiendo al errado pensamiento del pastor coreano Yonggi Cho, ha insistido constantemente, con mucho sensacionalismo, en su interpretación de esta frase. "El texto no dice, Aten ustedes lo que está atado en el cielo'", afirma el predicar con tanto dogmatismo como simplismo exegético, "Al contrario, se ata en la tierra por nosotros. Es una sinergia" (palabra sublime, sin ningún sentido claro, muy de moda entre estos predicadores). Igual que el novedoso "Yo te bendigo", esta interpretación de las palabras de Jesús coloca al creyente, como ser humano, en el lugar de Dios mismo.
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