A pesar de que Génesis comienza: «En el principio...», ello no significa que no hubiese nada antes.
- En Juan 17:24 Jesús ora a Dios el Padre, diciendo:«...porque me has amado desde antes de la fundación del mundo». Jesús dice que Dios el Padre le amaba antes de la creación del universo.
- Y en Juan 17:5 Jesús pide al Padre que le glorifique «con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese».
He ahí, por tanto, algo que se proyecta hacia atrás a la eternidad, hacia atrás y aun antes de la frase «En el principio...» Cristo existía, y tenía gloria con el Padre, y era amado por el Padre antes de «En el principio...»
- En Efesios 1:4 leemos: «...según nos escogió (Dios) en él (Cristo) antes de la fundación del mundo...». Por tanto, antes de «En el principio...» existía una situación algo más que estática. Se hizo una elección y esta elección demuestra pensamiento y voluntad. Fuimos escogidos en él antes de la creación del mundo.
- Lo mismo se enfatiza en 1 Pedro 1:20 donde se dice que la muerte expiatoria de Jesús fue «determinada desde antes de la fundación del mundo...».
- También Tito 1:2 dice que Dios prometió vida eterna «...desde antes del principio de los siglos...».
Esto es muy sorprendente. ¿Cómo puede hacerse una promesa antes del comienzo del mundo? ¿A quién podía ser hecha? La Escritura habla de una promesa hecha por el Padre al Hijo o al Espíritu Santo porque, después de todo, en este punto de secuencia particular no había nadie más a quien hacer una promesa.
- • Finalmente, Timoteo 1:9 se presenta el mismo punto, donde leemos acerca de Dios: «quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos».
Nos encontramos, por tanto, con una pregunta muy interesante: ¿Cuándo comenzó la historia?
Si se piensa en el concepto moderno de la continuidad espacio-tiempo, es obvio que tiempo e historia no existían antes de «En el principio...». Pero si consideramos la historia en contraste con otro eterno, filosófico, o en contraste con un eterno estático, entonces la historia comenzó antes de Génesis 1:1. Aquí hemos de escoger nuestras palabras con cuidado. ¿Cómo hablaremos acerca de la situación antes de «En el principio...»? Para evitar confusión he escogido la palabra secuencia, en contraste con la palabra tiempo utilizada en el concepto de continuidad espacio-tiempo. Esto nos recordará que había algo antes de «En el principio...» y que era algo más que un eterno estático.
Después de la creación Dios obró en el tiempo y comunicó conocimientos al hombre que estaba en el tiempo. Y ya que hizo esto, es obvio que para Dios no es lo mismo antes y después de la creación. La Escritura presenta este antes de «En el principio...» como algo que puede ser explicado. Aunque no podemos agotar el significado de lo que está implicado, podemos conocerlo con certeza. Es un concepto razonable sobre el que podemos argumentar.
Este tema no es solamente teórico. Lo que está implicado es la realidad de un Dios personal eterno en contraste con el otro filosófico o el todo impersonal que es con frecuencia el concepto de Dios de los teólogos del siglo veinte. Lo que está implicado es la realidad del Dios personal en contraste con un motor inmóvil teórico, o una proyección subjetiva fruto de la mente del hombre. Aquí hay algo más que vacuidad, verdad religiosa alcanzada mediante algún tipo de salto existencial.
En consecuencia, cuando leemos: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra...», no nos quedamos con algo colgado en el vacío: algo existía antes de la creación y ese algo era personal y no estático; el Padre amaba al Hijo; había un plan; había comunicación; y se hicieron promesas antes de la creación de los cielos y la tierra.
Toda esta concepción tiene su raíz en la realidad de la Trinidad. Sin la Trinidad, la cristiandad no tendría las respuestas que el hombre moderno necesita. Como he dicho en alguna ocasión, Jean Paul Sartre señaló muy bien el problema filosófico básico que afrontamos: el hecho de que algo—más bien que nada— está ahí. Este es el mínimo indiscutible e irreducible para comenzar a moverse como un hombre. No puedo decir que nada está ahí; está muy claro que algo está ahí. Además, también está claro que éste algo que está ahí tiene dos partes. Yo estoy ahí y algo en contraste a mí está ahí.
Schaeffer, Francis. Génesis en el tiempo y en el espacio. Edic. Evangélicas Europeas : Barcelona, 1972. pp. 15-18
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