jueves, 19 de agosto de 2010

Hechos 2:36 “Pedro les dijo: Arrepentíos…”

Los términos “arrepentirse” y “arrepentimiento” aparecen varias veces en el Nuevo Testamento en conexión con el acto de salvación del ser humano. Las preguntas que quisiéramos encarar en este artículo son las siguientes:
  • ¿qué significa “arrepentirse” exactamente?
  • ¿Es necesario el ‘arrepentimiento” para la salvación del ser humano?
  • Si es así, ¿quién produce este acto, es Dios que hace que el hombre se “arrepienta”, o es una decisión solamente de cada ser humano?
  • ¿Es el arrepentimiento un acto separado del creer con fe, o es la misma cosa que ejercer fe salvadora?
Muchos hispanos de nuestras iglesias venimos de un trasfondo católico, y tendemos a pensar en “arrepentirse” en el sentido de “reformarse”, o sea, el énfasis es externo, un cambio de vida.

El problema con esa óptica es que si el ser humano tiene que arrepentirse (en el sentido de “reformarse”) antes de poder ser salvo, ¿no se está salvando por sus propios esfuerzos? ¿No está de alguna manera haciendo “méritos propios” para lograr la aprobación de Dios? ¿En qué sentido, entonces, debemos “arrepentirnos”?

Cómo procedemos al estudio de este concepto para arribar a buen puerto:

PASO #1 - Entendamos la etimología básica del término en su idioma original.

El verbo “arrepentirse” en todas sus conjugaciones en español, aparece 38 veces en el Nuevo Testamento (versión Reina-Valera 1960). En 34 de esas veces, el vocablo griego que usa el escritor es “metanoeo” el cual es traducido ‘arrepentirse”.

Entonces la primera pregunta que tiene que hacerse un estudiante serio de la Biblia es ¿qué significaba “metanoeo” en ese momento? (La pregunta no es qué significa “arrepentirse” en español en nuestro uso coloquial ó normal, porque no podemos asumir que esta es la forma como se usaba el concepto en el contexto Bíblico específico).

“Metanoeo” quiere decir literalmente “cambio de opinión” ó “cambio de mente” ó “cambio de posición” en cuanto a algo. O SEA, EL ENFASIS PRIMARIO DEL VOCABLO ES “INTERIOR” (mente), NO EXTERIOR (conducta).

PASO #2 - Entendamos que el “objeto” de ese arrepentimiento (cambio de mente) no es siempre igual, sino está determinado por su contexto inmediato. En otras palabras, “DE QUE hay que arrepentirse” (cambiar de opinión) no es siempre igual en todos los pasajes en donde aparece este verbo.

Por ejemplo, en Mateo 27:3 leemos que Judas “devolvió arrepentido las 30 piezas de plata”. En otras palabras, Judas “cambió de opinión” en cuanto a lo que había hecho (traicionar a Cristo), y ese ‘arrepentimiento” fue sincero sin duda (la prueba está en que devolvió el dinero y sintió gran remordimiento de conciencia). Pero ese “arrepentimiento”, en su contexto inmediato, se refiere al pecado de traicionar al Señor solamente - Judas no se “arrepintió” de sus otros pecados, no cambió de postura fundamental en cuanto a la identidad de Jesús, y por lo tanto, ese “arrepentimiento”, aunque genuino, no tuvo el alcance necesario para su “salvación eterna”. NO TODO “ARREPENTIMIENTO” (cambio de sentir en cuanto a algo) PRODUCE LA SALVACION DEL ALMA.

Otro ejemplo: Hechos 2:36: “Pedro les dijo: Arrepentíos (verbo metanoeo), y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” Nosotros tendemos a leer este versículo e inyectamos nuestro entendimiento previo, y lo entendemos como “arrepentirse de todos los pecados, pasados, presentes y futuros”. Pedro, sin embargo, les está hablando a los judíos que le están escuchando en el día de Pentecostés en una forma mucho más estrecha… Pedro está diciendo “arrepentíos” - cambien de mente, cambien de posición, cambien de opinión, en cuanto a un sólo pecado en contexto, y es el pecado de haber rechazado a Jesús de Nazaret y haberle matado hacía pocas semanas atrás! Notar que es el contexto inmediato lo que determina “de que es lo que hay que cambiar de posición”, y no siempre esto se refiere a lo mismo.

PASO #3: Distingamos entre ARREPENTIMIENTO (el cambio mental, interno de posición en cuanto a cierto tema), de los FRUTOS de tal arrepentimiento (el cambio de conducta como resultado).
Son dos cosas distintas, aunque generalmente aparecen juntas en los pasajes bíblicos. Jesús le dice a los fariseos en Lucas 3:8: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre.”. El arrepentimiento genuino siempre lleva frutos de conducta externo, pero estos son sólo el resultado del arrepentimiento.

Conclusión

¿Debemos arrepentirnos para ser salvos?  Por supuesto, si entendemos con eso el “cambiar de mente en cuanto a Jesucristo” ó “cambiar de mente en cuanto a nuestra situación”, ó ”cambiar de mente en cuanto a nuestra condición de pecadores”.
Pero debemos de tener cuidado de insistir que debemos arrepentirnos en el sentido de “tratar de no pecar más” ó “resolver no pecar más”, ó “abandonar completamente el pecado” como requisito de salvación, porque así estaríamos cargando al vocablo “metanoeo” de más significado de lo que realmente tiene en el contexto del griego del Nuevo Testamento.

Aparte, si hay que abandonar completamente el pecado antes de recibir a Cristo como Salvador, ¿no lo estamos haciendo en nuestra propia fuerza, no estamos agregando algo al sencillo mensaje del Evangelio- “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Pablo al carcelero de Filipos, Hechos 16)?

Si ese ”cambio de mente” realmente fue genuino, se va a ver tarde o temprano en los “frutos” que produce, pero no intentemos requerir los frutos antes de dejar al Espíritu Santo producir ese “nuevo nacimiento” en la persona que viene a los pies del Señor. 

No hay comentarios: