La característica fundamental de los profetas a sueldo es que son embusteros, profetizan falsedades y profetizan para su estómago. Para el profeta a sueldo la profecía está determinada por los dividendos económicos y de bienestar que su palabra representará. Josafat lo sabía. Por eso le cree más a un profeta que a cuatrocientos.
El profeta verdadero es rechazado porque pocas veces dice que va a ocurrir algo bueno, especialmente si quien consulta es un gobernante, y si ese gobernante es particularmente perverso. Pero el descaro es tal que el tal gobernante espera que Dios lo ratifique a él junto con todas sus acciones perversas. De lo primero que debe sospechar el rey de Israel es que ¡cuatrocientos profetas estén de acuerdo! Pero qué va a sospechar, si para eso les paga. No es difícil conseguir profetas de buen agüero mientras les paguen bien.
Primero los cuatrocientos profetas anuncian a viva voz y con demostraciones histriónicas de cuernos de hierro (símbolo de victoria), que los dos reyes acabarán con los sirios. Luego el mensajero de los reyes le dice a Micaías que ni se le ocurra dañar el show profético diciendo algo distinto. Micaías con tono de indignación contesta: “Vive Dios que sólo anunciaré lo que el Señor me diga. De eso puedes tener plena seguridad.” En tercer lugar, Micaías llega ante los reyes vestidos de ropas reales y sentados en sus tronos; le preguntan si deben ir a recuperar las tierras que los Sirios les han quitado o no. Micaías contesta: “Ataque, su majestad que saldrá victorioso.” ¡¿Qué?!
©2009Milton Acosta
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