¿Por qué algunos eruditos están presentando unos retratos tan insólitos de Jesús? –le pregunté, mientras tomaba una galleta casera de chocolate de una bandeja que Ginny había puesto entre nosotros. Evans pensó por un momento. “Una de las razones –respondió– es que muchos de ellos carecen de formación en el trasfondo semítico del Nuevo Testamento.”
- y esto significa…
- La formación semítica se ocupa del hebreo, arameo, siríaco, y varias fuentes escritas en estos idiomas, como por ejemplo los Rollos del Mar Muerto y los escritos rabínicos antiguos. Muy pocos eruditos del Nuevo Testamento van más allá del hebreo del Antiguo Testamento, que es una forma de hebreo elemental.
- ¿Cómo afecta esto a su erudición? –le pregunté.
- Esta es la cuestión –dijo él– Estos eruditos conocen el griego en que se escribió el Nuevo Testamento, pero Jesús no hablaba griego, sino quizá muy esporádicamente. La mayor parte de su enseñanza la impartió en arameo, y las Escrituras que leía eran paráfrasis en hebreo o arameo. Jesús y el mundo en que vivió eran muy semíticos, sin embargo la mayoría de los eruditos del Nuevo Testamento carece de una adecuada formación en los idiomas y escritos que reflejan su mundo. Puesto que saben griego, tienden a hacer comparaciones entre el Jesús de los Evangelios griegos y varias filosofías griegas y el mundo greco-romano. Es fácil encontrar paralelismos si no se tienen en cuenta el contexto o los matices.
- Ven una influencia griega en Jesús.- Exactamente –fue su respuesta– Con pocas excepciones, el Seminario de Jesús no se caracterizaba por trabajar con el hebreo, siríaco, arameo, la literatura rabínica, o los Rollos del Mar Muerto. El resultado es que no captan el significado de la proclamación central del reino de Dios por parte de Jesús.
- Explíqueme, por favor, a qué se refiere el reino de Dios.
- No es complicado si nos situamos en el contexto semítico: Jesús estaba proclamando básicamente el “gobierno de Dios.” Él demostró que el gobierno de Dios se dejaba sentir verdaderamente en su ministerio a través de sanidades y exorcismos. Jesús dijo en Lucas 11:20, “Pero si expulso a los demonios por el dedo de Dios (es decir, el gobierno de Dios), eso significa que ha llegado a ustedes el reino de Dios.” Pero el Seminario de Jesús se guardó muy bien de darle este sentido, y en lugar de ello ha interpretado “el reino de Dios” en términos de un concepto filosófico griego y, por ello, se mueve en un marco totalmente erróneo.
»Han cometido un error parecido con el título “Hijo del Hombre” que Jesús se aplica repetidamente a sí mismo. No entendieron que estaba vinculado con la figura del Hijo del Hombre que aparece en Daniel 7, donde tiene implicaciones divinas.
»En lugar de ello, han desarrollado una estrafalaria interpretación grecoromana, traduciendo “Hijo del Hombre” como “Hijo de Adán,” lo cual no clarifica nada.
»De modo que, si no entendemos la proclamación central de Jesús –lo que significa el reino de Dios– y tampoco captamos el sentido del título por excelencia que Jesús utiliza para referirse a sí mismo -la expresión “Hijo del Hombre” –¿dónde estamos entonces?– preguntó Evans, en un tono que expresaba verdadera perplejidad.
»No me extraña que el trabajo del Seminario sea tan extravagante y criticado con tanta severidad por parte de los que no son miembros de la institución (que probablemente representan un 90 por ciento de los eruditos de los Evangelios de todo el mundo).
- Así que –interrumpí–, se trata de un Jesús fuera de contexto.
Evans asintió. “Correcto dijo–. Sacan a Jesús de su mundo judío y lo sitúan en un entorno greco-romano, convirtiéndolo en un académico occidental sentado en su torre de marfil, que fuma en pipa y ¡quien sabe qué más! Es exactamente como ellos.”
Otro ejemplo –pensé–, de profesores que encuentran al Jesús que desean encontrar. “En cierto modo dije–, parece que los eruditos compiten entre sí para ver quién es el más escéptico.”
Evans suspiró. “Sí, dijo— es algo lamentable. No creo que esta sea la actitud apropiada para un estudioso. Si alguien dice, ‘Creo que algo es cierto,’ el acercamiento correcto debería ser: ‘perfecto, pero, ¿cuáles son tus razones? ¿Cuáles son las pruebas? ¿Cuáles son tus criterios?’ Así es como comenzó la iglesia primitiva. La afirmación de las mujeres en el sentido de que la tumba de Jesús estaba vacía no dio como resultado una inmediata respuesta de fe. Suscitó preguntas, investigación y exploración. Algunos discípulos corrieron al sepulcro para confirmar sus palabras. Y yo creo que, de manera similar, en lugar de expresar un escepticismo automático, los eruditos deben investigar las afirmaciones con una mente abierta.”
»El problema, sin embargo, es que hay tanta gente haciendo doctorados, escribiendo tesinas, esforzándose por obtener una puesto permanente en las instituciones docentes, e intentando publicar sus trabajos, que hay una tendencia a forzar los hechos más allá de lo que éstos permiten. Si alguien desea ser noticia, ya sabemos que las noticias han de ser novedades. Nadie se va a entusiasmar especialmente si decimos que el punto de vista tradicional de los Evangelios parece correcto.
»Pero si afirmamos algo escandaloso –que el cuerpo de Jesús fue devorado por una jauría de perros, por ejemplo–, seguro que tenemos un titular asegurado. O si decimos que existe un evangelio tan válido como el de Mateo, Marcos, Lucas o Juan, pero que fue quitado de la circulación para salvaguardar los intereses de los primeros dirigentes cristianos, entonces tenemos una noticia atractiva.
Strobel, Lee. El caso del Jesús verdadero. Vida : Miami, 2008. pp. 22-24
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